domingo, agosto 03, 2008

Vigésimo primera cata

Luego de un impasse de siete meses, los catadores volvían a reunirse para celebrar una cata. Es cierto, durante todo este tiempo hubo reuniones y encuentros diversos, pero ninguno en el marco de una cata. Es que la ida de dos catadores de renombre como son Juampi y Francisco caló hondo en ánimo del resto de los miembros del equipo y por un momento hasta se llegaron a plantear dudas sobre la continuidad de estas célebres reuniones donde se debaten temas de actualidad, se recuerdan anécdotas y se bosquejan los próximos pasos en la vida de cada uno de sus integrantes.

Pero las dudas quedaron solo en eso. El espíritu de estos encuentros sigue tan vivo como siempre. Podrán pasar otros 7 meses sin que los catadores vuelvan a encontrarse pero, aún así, desde el instante en que chocan sus copas en el brindis inicial, todos y cada uno de ellos vuelven a sentirse como si solo hubiera pasado un día desde la última cata.

La organización de la cata estuvo regada de términos en inglés. Es que el catador Agustín había vuelto de su viaje por el maravilloso país del norte y dio el puntapié inicial para que los catadores demuestren sus conocimientos sobre aquella lengua sajona. He aquí algunos de los intercambios vía email:

Agustín: Ya estoy de vuelta queridos catadores. Cuando nos juntamos?
Laucha: Welcome Agustín, it's a great pleasure to have you back
in this banana
country!!
Martín: Yo podría next week, ya que el viernes me voy para
Olavarría.
Laucha: Yo la semana que viene estoy de viaje... así que no cuenten
conmigo!!
Macana: No, así no se puede...apuntemos entonces para mañana. Veo que todos los
catadores tienen las agendas muy cargadas...hago un esfuerzo por el team y lo
hacemos mañana. Pero que conste que estoy dejando de lado varios businesses.
Martín: Tomorrow
Solo cuando todos los catadores coordinaron sus agendas apareció el catador neuquino para llamar a la reflexión:
Francisco: Me gusta la actitud que han tomado esta semana los catadores, se han
puesto las pilas y están haciendo gran esfuerzo para juntarse.

Luego de andar por el pulcro y ordenado país americano con un Chevrolet Cobalt de alquiler, Agustín halló extraño subirse nuevamente a su VW Gol modelo 2005. El volante parecía chiquito y no disponía de GPS para guiarse al destino. De cualquier manera aceptó la realidad y condujo en dirección a la casa de Martín para pasarlo a buscar. Haberse acostumbrado a que la voz de la muchacha del GPS lo guiara anunciando “Turn right in point six miles”, le jugó una mala pasada y siguió de largo hasta Salguero en lugar de doblar en Billinghurst. Con el tránsito habitual de la city trató de tranquilizarse mientras pensaba “Esto en Houston no pasa”.

Martín y Agustín llegaron 21.15 a la casa de Valentín donde el resto de los catadores ya se encontraban presentes. Laucha abrió una botella de vino blanco y se dio por inaugurada la cata.

Tácitamente, los temas en gatera para tratar aquella noche eran: el avance de las obras en el nuevo departamento de Macana, el viaje del catador Agustín a las tierras de Sam Houston y Belén, la flamante amiga/novia de Cachín.

Macana contó como venía todo y nos contó que de acuerdo al plan se estarían mudando hacia finales de agosto. Agustín también contó algunas peripecias de su viaje pero sin dudas lo que todos querían escuchar era de las novedades que el Cachín tenía para contar.

Cachín empezó hablando de cómo había conocido a Belén y después habló de las salidas que venía teniendo con la muchacha.

- Nos presentó un amigo hace un par de semanas – contaba el Cachín – Se llama Belén y es una morocha de ojos verdes hermosa. Además es del interior igual que yo y pegamos buena onda enseguida. El primer día fuimos a tal lugar a comer pizza y el otro día fuimos a aquel lugar que está muy bueno…

El Cachín seguía relatando y contó que también habían ido al cine y que ese día también tenían pensando encontrarse pero que había tenido que pedirle a la muchacha de suspender por esa vez dado el magnánimo e impostergable evento que los catadores estaban llevando a cabo.

- La próxima cata la hacemos en San Clemente del Tuyú – anunció el Cachín invitándose él solo a la casa de Belén en aquella ciudad de donde es oriunda – así que están todos invitados.

Los catadores, ni lerdos ni perezosos aceptaron el convite aunque quedó en la duda existía una invitación formal de Belén y si realmente estaría dispuesta a recibir a aquella manga de borrachos.

- Las chicas se pueden juntar por su lado y nosotros nos organizamos una cata – seguía imaginándose el Cachín como sería aquel encuentro

Luego de la auto-invitación, Cachín siguió contando las novedades.

- Le conté también de la regata y las olas de 6 metros – dijo por un momento
- Ahora, ¿como es eso de las olas de 6 metros? – interrumpió Agustín para preguntarle al grupo – Yo la verdad que ya no sé a quien creerle. Por un lado están Cachín y Joaquín que juran y perjuran haber barrenado olas de 6 metros pero por otro lado están los otros sampedrinos que dicen que todo es una gran mentira cachinezca. ¿A quien le tengo que creer?

Laucha y Cachín finalmente y después de tantas discusiones sobre el tema se comprometieron a hacer una investigación en Internet para dilucidar de una vez por todas esta discusión de antaño.

- Es fácil – canchereaba el Laucha - pones en el Google “olas de 6 metros + Mar del Plata” y vas a ver que no te sale nada

Mientras se daba la conversación, los catadores disfrutaban de una excelente picada preparada por el señor Laucha. Los vinos elegidos para la ocasión fueron clásicos en su totalidad, aunque claro, no por eso objetables. Comenzaron con un vino blanco de Bodegas del Fin del Mundo para el brindis inaugural y continuaron con un Callia Magna y finalmente ascendieron a un Trumpeter. El cierre de la cata fue, como siempre, con una botella de champagne para brindar una última vez y unos alfajorcitos muy ricos e interesantes que convidó el Laucha.

Aunque excelente, la organización del encuentro no llegó a impecable. Hubo algunas descoordinaciones al momento de encargar las empanadas por parte del Laucha demostró tener cero conocimiento sobre la ubicación de las cosas de la casa y debió llamar en repetidas oportunidades a Guille para recibir indicaciones que se encontraba en casa de Carlita.

- No, no lo encuentro ahí. ¿Qué papel decís? ¿Este que dice La Nonna?

Entre tantas idas y vueltas los catadores habían empezado a perder el apetito y el Laucha que seguía intentando encontrar algún número de teléfono que hiciera delivery de empanadas. Finalmente consiguió el número de Only empanadas (del castellano, Solo empanadas).

En un momento Agustín tuvo sed (sed de agua, la sed de vinito ya venía saciada) y le dijo preguntó al Laucha donde podía conseguir agua fría

- Sacá del dispenser de la heladera – le dijo el Laucha como la cosa más natural del planeta

Cuando descubrió que podía servirse agua fría de la heladera sin necesidad de abrir la puerta, quedó fascinado y solicitó que le sacaran una foto. El Laucha, que se ve que aquella fue una de las prestaciones claves de la heladera al momento de tomar la decisión de comprarla, también pidió una foto junto al dispenser.

Los catadores del interior del país (Neuquén y Mendoza) son siempre recordados en las catas. Recordaron por ejemplo anécdotas vividas en épocas de adolescentes alcohólicos en San Pedro, anécdotas de vacaciones y aventuras en patín.

- No sé como empezaron las catas – dijo en un momento Cachín
- ¿Como que no sabes? – se ofendió Agustín – en el blog, en la parte derecha de la página principal hay una breve explicación de cómo comenzó todo

Cerca de las 2 de la mañana, los catadores levantaban campamento.

- Gracias por todo – le decían uno a uno los catadores en la puerta del edificio a un Laucha de ojotas y remera manga corta totalmente desubicado para el frío que hacía afuera.

En el auto, con Martín en el asiento del acompañante y con Cachín dando charla desde el asiento trasero, Agustín conducía feliz por el encuentro y algo alegre por el alcohol, eligiendo caminos secundarios para evitar indeseados controles de alcoholemia.

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